El Duelo (o duelo humano) se define como la reacción natural, normal y esperable de adaptación a la pérdida de un ser querido, que está matizada por el entorno sociocultural. Es una vivencia de sufrimiento total (físico, psicoemocional, sociofamiliar y espiritual) por el que pasa el doliente antes, durante y después del fallecimiento. Es importante destacar que el duelo no es una enfermedad, sino un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, siendo la muerte de un hijo/a o del cónyuge una de las situaciones más estresantes que una persona puede experimentar.
La reacción de duelo es una vivencia completamente personal e intransferible, que cambia momento a momento y no tiene una cronología concreta, no se sabe muy bien cuándo empieza y cuándo acaba
Durante el duelo normal, la persona puede experimentar una amplia gama de manifestaciones que son consideradas parte del proceso de adaptación:
- Físicas: Alteraciones del sueño, pérdida de apetito, agotamiento y diversas quejas somáticas.
- Conductuales: Llanto, agitación, aislamiento y cansancio.
- Afectivas: Tristeza, ansiedad, desesperación, soledad, anhedonia, enfado, hostilidad y culpa.
- Cognitivas: Baja autoestima, pensamientos obsesivos acerca del fallecido, autorreproches, problemas de memoria y concentración, sensación de indefensión, desesperanza o irrealidad.
Duelo Complicado o Trastorno por Duelo Prolongado
Aproximadamente un 10%-20% de los dolientes tienen importantes dificultades en su proceso de adaptación, lo que se considera una reacción de mala adaptación a la pérdida.
El Duelo Complicado se manifiesta como un Trastorno por Duelo Prolongado, depresión, ansiedad o deterioro en la salud física. Para su diagnóstico (denominado Trastorno por Duelo Prolongado según los criterios propuestos para el DSM-V), se requiere:
- Presentar a diario, al menos uno de estos síntomas: pensamientos intrusivos acerca del fallecido, punzadas de dolor incontrolable por la separación, o añoranza intensa del fallecido.
- Presentar a diario, al menos cinco de nueve síntomas específicos (como dificultad para aceptar la pérdida, amargura, sentirse mal por seguir adelante con la vida, o sentir que la vida sin el fallecido carece de sentido).
- La duración de estos síntomas es de al menos seis meses.
- Los síntomas causan un malestar clínicamente significativo o un importante deterioro de la vida social, laboral u otras actividades significativas.
¿Qué es un duelo complicado?
Cuando el duelo se cronifica (más de 6 meses) y cumple criterios de Trastorno por Duelo Prolongado (con síntomas como añoranza intensa, pensamientos intrusivos o dificultad para aceptar la pérdida), la hipnosis se convierte en una herramienta indicada para desbloquear el proceso.
La hipnosis es muy útil en el trabajo con la culpa y la ira porque permite acceder a las creencias y emociones que generan culpa o rabia (hacia sí mismo, hacia otros o hacia el fallecido) y reescribir la narrativa de los hechos.
La hipnosis ayuda a disminuir la evitación, ayuda a la persona a dejar de evitar lugares o situaciones que le recuerdan al fallecido, facilitando la reintegración social y la vuelta a una vida funcional. A través del ensayo mental, la hipnosis ayuda a la persona a visualizarse y sentirse fuerte en un futuro donde ha integrado la pérdida, contrarrestando la desesperanza y la sensación de que «la vida carece de sentido».
Es cierto que el duelo hay que pasarlo y que no hay terapia ni técnica que lo consiga quitar, pero le terapia con hipnosis permite transitar el duelo de manera más suave y rápida ya que proporciona un marco de seguridad y enfoque que agiliza el trabajo terapéutico, permitiendo al doliente navegar por las complejas tareas del duelo con menos sufrimiento desbordante y mayor capacidad de adaptación.
¿Por qué trabajar tu duelo mediante la hipnosis en el marco de la terapia para superar el duelo?
Mediante la hipnosis podemos acceder al inconsciente y a los recursos internos. Mediante el estado de trance en el que la persona está relajada y concentrada podemos acceder a los recuerdos, emociones o material no consciente que puede ayudar a transformar la culpa y los aspectos no resueltos con la persona fallecida. En estos estados apelamos a los recursos del inconsciente para obtener las sensaciones de paz y consuelo que necesitamos.
La hipnosis ayuda a gestionar el manejo del dolor y la ansiedad a través de la inducción de estados de relajación profunda que ayudan a disminuir la activación fisiológica (síntomas somáticos, insomnio, ansiedad) asociados a las punzadas de dolor incontrolable por la separación. Se utiliza para enseñar técnicas de autocontrol emocional.
También facilita el acceso a recuerdos y al reprocesamiento de memorias (especialmente si hay memorias traumáticas asociadas a la muerte, como una enfermedad larga o un accidente) en un estado de disociación terapéutica y seguridad. Esto permite al paciente enfrentar y reestructurar las imágenes y emociones dolorosas sin sentirse desbordado.
Trabaja con el vínculo con el fallecido, ayudando a transformarlo de una presencia física a una conexión interna y facilitando todas las memorias que transmiten sensaciones reparadoras.
En el Duelo Complicado, donde el doliente se siente estancado por culpa, rabia o una intensa añoranza que impide seguir adelante, la hipnosis permite introducir sugestiones de permiso para reorganizar la vida, enfocarse en el futuro y aceptar la pérdida sin que esto signifique «olvidar» al ser querido.
El uso de la hipnosis se centra en ayudar al doliente a procesar el dolor de la pérdida, integrar la nueva realidad y reorganizar su vida emocional y cognitiva.