Algunas señales que indican que tienes una baja autoestima son:
- Autocrítica constante: Te hablas duro, te minimizas, nada es suficiente
- Miedo excesivo a equivocarte o a quedar mal. Siempre te exiges más y más. Eres demasiado perfeccionista. Minimizas tus logros y nunca es suficiente.
- Necesidad de aprobación: tu valor depende mucho de lo que otros piensen. Requieres de la aprobación de los demás para sentirte bien. No aceptas bien las críticas
- Dificultad para poner límites y decir “no”
- Compararte todo el tiempo (y salir perdiendo casi siempre).
- Sentirte “menos” que los demás, aunque no haya razones objetivas. Das una importancia exagerada a tus defectos.
- Te sientes culpable cuando cometes errores y no aprendes a perdonarte.
- Evitar retos u oportunidades por miedo al fracaso.
- Impostor/a: sentir que no mereces lo bueno que te pasa.
- Descuidarte (emocional o físicamente) porque “no es tan importante”.
La autoestima puede estar baja en un área concreta (relaciones, trabajo, cuerpo) y no en todas. La autoestima está muy relacionada con las heridas emocionales.
- Herida de abandono: Hace que busquemos el amor de los demás a través de sentirnos visto valorados y mantenernos en sus vidas como alguien importante.
- Herida de rechazo: Sensación de no ser valorados, no ser tenidos en cuenta y la falta de un sentido de pertenencia y seguridad emocional
- Humillación: Nos hace sentirnos pequeños y menospreciados, somos negados, desvalorizados y despreciados repetidamente, lo que nos hace sentir que no somos importantes y nuestra voz no tiene peso ni valor
- Traición: Nos sentimos engañados, traicionados lo que despierta una tristeza que viene de la pérdida de control, de la sensación de ser vulnerables y la dificultad de confiar en los demás
- Injusticia: Sensación de importancia, frustración de no poder alcanzar nuestras metas y la falta de conexión con nuestros deseos más profundos
Muchas de las fuentes de cultivo de una autoestima baja provienen de la infancia:
- Expectativas altas o exageradas por parte de las figuras cuidadoras: Cuando en casa hay un nivel demasiado elevado de exigencia, el niño/a puede sentir que no es lo suficientemente bueno y tenderá al perfeccionismo y a intentar controlarlo todo para satisfacer las expectativas de los padres, pero esto es una trampa porque muchas cosas en la vida se escapan de nuestro control y si nunca es suficiente viviremos en constante alerta y con una ansiedad constante
- La crítica o falta de validación de las figuras de autoridad. Las figuras de autoridad, como los padres y maestros, son modelos de referencia que nos sirven como el espejo sobre el cual se construye nuestra autoestima. Si estas personas importantes tienen una voz crítica o nos transmiten que lo que hacemos está mal de manera repetida en el tiempo está voz se interioriza. Igualmente ocurre cuando hay una falta de reconocimiento
- Educación sobreprotectora. Cuando los padres son sobreprotectores, normalmente con la intención de protegerles, impiden que sus hijos exploren, solucionen problemas y se enfrenten a las dificultades de la vida. Esto supone una carencia de entrenamiento en la que las personas no saben cómo exponerse a los problemas de la vida o bien se sienten abrumadas ante las dificultades.
- Padres poco cariñosos o poco disponibles emocionalmente: Para crecer y desarrollar una autoestima sana, es fundamental que nos sintamos queridos y vistos. A veces por las propias circunstancias de los padres estos están “sobreviviendo emocionalmente” o bien carecen de educación emocional y no tienen conciencia de las necesidades del niño/a y éste/a nace en un ambiente pobre emocionalmente donde hay indiferencia, falta de escucha o falta de cariño, esto lleva a que la persona interiorice el que no es merecedora de afecto
- La neurodivergencia (el tener necesidades educativas diferentes) o las dificultades del aprendizaje a menudo provocan una baja autoestima sobre todo si el niño/a es “machacado” por sus resultados, en muchas ocasiones los padres se centran en los resultados y tienden a atribuir las malas notas de los niños/as a pereza o falta de esfuerzo centrándose demasiado en los resultados académicos sin tener en cuenta que factores pueden estar afectando el rendimiento y lo que el niño/a necesita.
- Abusos en la infancia/adolescencia: El acoso escolar, la violencia física, emocional y/o sexual afectan profundamente a la imagen que tenemos de nosotros/as mismos/as. El crecer estando en un estado de alarma continuo y sintiendo falta de control hace que nos sea difícil concentrarnos, aprender o jugar libremente. Cuando la persona sufre malos tratos en la infancia interioriza un sentimiento de culpa, que hay algo malo en ella.
Sin embargo, algunos de los problemas de autoestima pueden venir también de la adolescencia o la edad adulta
- Experiencias en la adolescencia o juventud en donde nos hemos comparado con los demás o hemos experimentado sensación de rechazo por parte del grupo de iguales o de nuestra pareja hacen que podamos desarrollar un sistema de creencias limitante en donde predomine el “no merezco”, “no puedo”, “no valgo” o “no soy lo suficientemente bueno/a” entre otras
- Experiencias con una pareja tóxica en la adolescencia o edad adulta en donde hay maltrato físico y/o maltrato emocional hacen que la autoestima de la persona que se queda en la relación se vaya minando y aquí se produce un círculo vicioso, cuanta menos autoestima más difícil es salir de la relación y cuanto más se está en esa relación menos autoestima se tiene.
¿Por qué utilizar la terapia con hipnosis ayudarte a trabajar tu autoestima?
Trabajar la autoestima mediante la hipnosis ayuda a acceder a creencias profundas (muchas de ellas vienen de la infancia). A través de las regresiones en el tiempo en estado de trance y/o el trabajo con las sensaciones temporales podemos transformar las emociones y esto lleva al cambio de creencias para construir la base de una autoestima sana.
Mediante el estado de trance de la hipnosis en donde estarás totalmente despierto/a pero mucho más relajado/a y concentrado/a podemos tener acceso a trabajar las situaciones traumáticas del pasado que sean raíces de la baja autoestima. Además, mediante la hipnosis trabajamos la autocompasión sana, el diálogo interno de la persona a fin de que la voz crítica se vuelva más compasiva. Al suavizar la autocrítica, se regulan
las emociones, se baja la ansiedad, la vergüenza y el miedo al juicio que suelen acompañar a la persona que tiene baja autoestima. Mediante ensayos mentales programamos el cerebro para que pueda visualizarse paso por paso cumpliendo metas y objetivos lo que ayuda a la creación de una sana autoestima.
Desde mi enfoque profundo y reparador basado en la reconstrucción del apego podrás sanar tu autoestima desde la raíz. A través de la hipnosis podremos trabajar con sensaciones, recuerdos y vivencias que han ido marcando tu autoconcepto para transformar la emoción y permitir a ese niño/a interior crecer desde las emociones que necesita.
La autoestima está muy relacionada con nuestro sistema de apego. La autoestima tiene una relación profunda con nuestro sistema de apego ya que se “construyen juntos” desde las primeras relaciones importantes de nuestra vida. La hipnosis es una herramienta fundamental en la reparación del apego.
El apego (o vínculo afectivo) en psicología se define como el vínculo emocional profundo que se establece entre dos personas. Es una vinculación afectiva intensa, de carácter singular e innato, que se desarrolla y consolida principalmente entre el niño y sus figuras de referencia o cuidadores principales desde los primeros años de vida.
Desde bebés (y luego como adultos) nuestro sistema de apego busca responder: ¿Soy digno de amor y puedo contar con los demás? La respuesta que nos damos viene en base a como nuestros cuidadores reaccionaron a nuestras necesidades emocionales
Según cómo fue ese apego, se forman creencias internas:
- Apego seguro: “Soy valioso”, “Mis emociones importan”, “Puedo apoyarme en otros sin perderme”. Suele favorecer una autoestima estable.
- Apego ansioso: “Valgo si no me abandonan”, “Necesito aprobación constante”. Autoestima más dependiente de los demás.
- Apego evitativo: “No necesito a nadie”, “Mostrar emociones es peligroso”. Autoestima aparentemente fuerte, pero desconectada de lo emocional.
- Apego desorganizado: “Quiero cercanía, pero me da miedo”. Autoestima inestable y fragmentada.
La autoestima y apego se entrelazan: Como nos trataron influye en cómo nos tratamos, las voces externas de la infancia (cuidado, crítica, indiferencia) se convierten en voz interna:
- Si me consolaron: Aprendo a consolarme
- Si me invalidaron: Dudo de mis emociones
- Si fui querido de forma condicional: Me quiero con condiciones
En relaciones de pareja, amistad o trabajo, el apego activa miedos (abandono, rechazo, invasión) y esos miedos golpean directamente la autoestima. Y la autoestima influye en cómo pedimos, ponemos límites o nos quedamos.