El tratamiento psicológico del dolor se enfoca principalmente en el dolor crónico, donde el objetivo es reducir el sufrimiento y la incapacidad asociados, ya que la sensación física del dolor está profundamente entrelazada con la respuesta emocional y los procesos cognitivos de la persona.
La terapia busca cambiar la relación del paciente con el dolor, enseñándole a modular la percepción del mismo y a recuperar la calidad de vida, incluso cuando el dolor persiste.
Se centra en el cambio de pensamientos, emociones y conductas que incrementan el sufrimiento y la percepción del dolor.
El dolor es importante que se aborde desde una perspectiva integrativa en donde se combinen diferentes enfoques complementarios los únicos a los otros
Es necesario que se trabaje una reestructuración cognitiva para ayudar a la persona a identificar y desafiar las interpretaciones subjetivas e irracionales (distorsiones cognitivas) que generan emociones negativas como ansiedad o ira, las cuales pueden intensificar el dolor. Como parte de la psicoeducación, enseñamos a las personas a que sus emociones y pensamientos pueden «abrir o cerrar la puerta» del dolor, aumentando o disminuyendo la percepción. A través del manejo de la atención entrenamos a los pacientes a redireccionar su foco atencional fuera de las sensaciones corporales que definen el dolor, ya que centrar la atención en él puede mantenerlo o aumentarlo.
Para el tratamiento del dolor integramos también terapias de aceptación y mindfulnes son terapias de tercera generación que abordan el dolor desde una perspectiva de aceptación para reducir el sufrimiento.
La terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), se basa en aceptar el sufrimiento (en lugar de evitarlo) y comprometerse con los valores y objetivos vitales, disminuyendo así la percepción del dolor, mientras que el mindfulness (Atención Plena), consiste en vivir el presente y atender a lo que sucede (incluidas las sensaciones de dolor) sin juzgar ni interpretar, lo que se asocia a una menor intensidad de dolor y a menos emociones negativas.
Además, es importante entrenar la educación en neurociencia y biología, esto tiene como objetivo es que la persona entienda cómo funciona el dolor crónico a nivel cerebral y nervioso. Esta comprensión es fundamental para sentirse más capaz de manejarlo. Las técnicas de relajación y neuroregulación buscan romper el círculo vicioso de dolor
→ tensión muscular → más dolor, reduciendo la actividad adrenérgica (estrés) y
favoreciendo el sistema parasimpático (calma). Entre estas técnicas encontramos
- Relajación: Incluye técnicas como la respiración abdominal y la relajación de Jacobson, que reducen la tensión y la ansiedad.
- Biofeedback: Normaliza los sistemas naturales de regulación fisiológica que están alterados, lo que ha demostrado eficacia en lumbalgia crónica y cefaleas.
- Hipnosis: Se utiliza para la concentración en un estímulo concreto, lo que facilita el cambio sobre las emociones y pensamientos que influyen en el dolor, siendo una técnica promotora de cambio.
¿Porqué en la terapia nos ayudamos de la hipnosis para tratar tu dolor?
El tratamiento estrella para tratar el dolor, combinado con los otros enfoques, es la hipnosis. La hipnosis aborda el dolor actuando sobre los procesos psicológicos que lo mantienen o intensifican:
Mediante la hipnosis se da un acceso al inconsciente con lo cual podemos acceder y modificar «recuerdos, sensaciones o pensamientos limitantes» para que la persona los pueda experimentar de otra manera. El proceso hipnótico crea un «estado de atención concentrada en los procesos internos». Este estado facilita un trabajo terapéutico a niveles profundos, permitiendo la integración de material que es inaccesible o indescifrable para la mente consciente, como un síntoma somático que esconde una causa emocional o traumática.
En muchas ocasiones detrás del dolor físico no explicado (o explicado parcialmente) mediante causas médicas hay traumas o emociones que no han sido procesadas. La hipnosis aplicada en la terapia psicológica lleva a un proceso de disociación controlada en donde se puede generar una separación controlada para favorecer la integración del material traumático o doloroso sin que la persona se retraumatice o sufra activación perjudicial.